13 nov 2010

Insoddisfazione


Agitazione. Rincorro il tempo ma è una corsa logorante, in salita.
Corro ma le mie gambe sono molli e pesanti. I passi sono sofferenza. Non riesco a godere di quello che ho sotto gli occhi, tutto scorre come in un sonno pieno di incubi e fantasmi. I pensieri vanno in mille direzioni, uno indipendente dall'altro e non sono capace di inseguirne neppure uno.

11 nov 2010

Dialogo de oficina


Miércoles, maquinas de café. Sara se acerca a Roberta estirandose y bostezando.

S. Buenos días.
R. Hola Luigi, que tal?Estoy pensando a como ir más rápido.
S. Por qué? Tienes prisas?
R. El tiempo va rápido y siento que me está adelantando. Que has hecho ayer?
S. Ayer me viste, estaba trabajando.
R. Si si, te he visto trabajar pero antes de ir al trabajo habrás hecho algo.
S. Bueno, no te creas... me he despertado, una hora de coche para llegar aquí y a las 9 ya estaba sentado delante el ordenador.
R. No hablamos de nada. Estamos viviendo al día, sin planes para el futuro. Estamos vacíos.
S. Y luego en el trabajo el tiempo vuela. He hecho una hora extra porque había mucho trabajo, otra hora de coche para llegar a casa y ya por fin me pude sentar en el sofa. No había nada de interesante a la tele, asi me fui a la cama pronto.

7 nov 2010

L'ultima sigaretta

Si alzò a fatica, una domenica mattina autunnale. Voleva scrivere, però cosa? Due film visti la notte prima impregnavano ancora la sua fantasia, però come scrivere di questo? Il cielo plumbeo, la lentezza del mattino. La porta dell'abitazione al lato si aprì con l'usuale rumore gracchiante. Claudia uscì tossendo catarrosa. Lui la seguì verso la cucina. Si sedette al tavolo. Non voleva fumare, guardava distratto Claudia mangiare e senza accorgesi si ritrovò con una sigaretta in bocca. Pensava, sarà l'ultima. Rimasuglio di Zeno, l'eterna ultima sigaretta. Una sigaretta fumata seduto ad un tavolo di marmo, un'anonima domenica mattina, osservando e ascoltando le osservazioni di Claudia sulla sua passività. Potrà essere proprio questa l'ultima?

6 nov 2010

Juana la Loca, Vicente Aranda, 2001

En 1948, la productora Cifesa estrenó Locura de amor, un melodrama histórico, dirigido por Juan de Orduña en el estilo enfático del cine de posguerra, sobre los celos de Juana de Castilla respecto a su marido, Felipe el Hermoso, celos que las intrigas cortesanas supieron aprovechar para apartar a la reina del poder. Vicente Aranda utiliza esta idea para recrear la misma historia, indagando la desmesurada pasión que unió Juana a Felipe. Es difícil hablar de la película y olvidarse de la biografía del personaje histórico.
Juana es una chica de 16 años cuando viaja a Flandes para conocer y casarse con Felipe el Hermoso. En el primero encuentro surge entre los dos una pasión repentina que los ves obligados a un matrimonio rápido para consentir a ambos consumir inmediatamente el matrimonio. Esta pasión siguió inmutable en Juana pero acabó por cansar el rey, un mujeriego impenitente. La película juega sobre esta diferencia desgarradora que llevó a la locura Juana. Sus celos extremos hacían que el rey se alejase siempre más de ella. Al verse alejada y preferida a otras mujeres los celos de Juana se agrandaban desmesuradamente. Carlos, el futuro emperador y rey de España vio la luz en un retrete porque Juana seguía el rey en cada ocasión. Felipe intentó aprovechar de las extrañeza de esta pasión tan intensa para que la gente empezase a ver a la futura reina de España como una loca. Se ve también la intervención del padre Ferdinando que da su bienestar a esta maquinación y de las cortes bien dispuestas a desacreditar a Juana. Ella, en lugar de preocuparse por esta situación, sigue totalmente concentrada en la obsesión por su marido. Con la prematura muerte de este ultimo, Juana no querrá alejarse del cuerpo de su amor y decide renunciar al presente para vivir anclada al recuerdo de él. Pasará cincuenta años encerrada en un monasterio con la posibilidad de visitar su marido. Vi la película por la noche, algo distraído y no me dejó una impresión particularmente buena.

4 nov 2010

Bici en Madrid


8h30 de la mañana, Madrid en otoño. Cojo la bici en los hombros y bajo a la calle. Hay que subir la bici al piso porque es imposible dejarla en la calle. Tampoco los edificio suelen tener sitio. Me meto por las pequeñas callejuelas de Lavapies. Muy pocos coches, algunas personas, sol y aire fría. Llego a Atocha. Espero al semáforo mirando el desfile de los coches en el medio de una muchedumbre de peatones. El aire es irrespirable. Cruzo el Paseo del Prado y subo por la Cuesta de Moyano. No hay coches, se ven arboles y algunos bancos de libros usados están empezando a abrir. Entro en el Retiro; las hojas están cayendo y tienen colores alegres. Al salir del retiro me meto en un barrio residencial, casi sin coches. Los padres llevan los niños a un colegio. Un trozito por una calle muy traficada y casi enseguida empieza el carril bici. El primer tramo prefiero no seguirlo porque es muy lento y hace curvas innecesarias. En un punto hay un cartel que dice de bajar de la bici y cruzar andando. Luego me meto por el carril bici; a mi izquierda los coches en cola llenan el aire con un olor dulzón de humo. Hay un puente sobre la M30; desde arriba se ve una larga columna de coches que entra en Madrid. El carril bici sigue, no es excesivamente cómodo porque lo han hecho quitando sitio a las acerar y sigue un recorrido algo irregular, pasa por delante de algunas paradas del autobús, pero como es cuesta arriba se puede seguir tranquilamente.
Unos pocos kilómetros en el carril bici y ya me meto en pleno trafico. Coches que se paran de repente viendo una plaza para aparcar, coches en doble fila, porteras que se abren de repente dejando salir a toda prisa alguien, pitos, ruido de motores. Voy sin casco y tengo algo de miedo. Llego al trabajo después de cuarenta minutos de bici con la sensación de haber respirado aire muy muy contaminada. Acabo de comprarme una mascara. La primeras veces no veía ni una bici, ahora cada día encuentro algunas, a veces dos, tres. Todavía la gente le tiene miedo porque no está acostumbrada y el trafico de Madrid no es simple, pero soy optimista. Pienso que el aumento de la bici sea la única forma para que el ayuntamiento de Madrid se decida a hacer carriles bicis serios y no la versión pro estadística que realmente no sirve para transporte cotidiano pero más bien para los niños de paseo dominguero.

El secreto de tus ojos, José Campanella, 1999

Martes, día de taller de crítica de cine. Entro corriendo en la sala, la película ya ha empezado. Estoy acalorado y con la cabeza todavía en el trabajo, pero casi sin darme cuenta me quedo sumergido en la historia. Ricardo Darín, en el papel de un concejal de tribunal, está enamorado de la jefa de su departamento pero por inseguridad no se atreve a declararse, a pesar que los ojos de Soledad Villamil hablen solos y estén deseosos de leer en sus labios dicha declaración. Usando sus palabras, Darín vive una vida vacía, atrapada por la rutina, y solo cuando se jubila se da cuenta de la necesidad de tomar por fin el rumbo de su vida. Los acontecimientos se ven desde el futuro a través de la técnica del flashback, pero se trata de un pasado que todavía no está muerto y tiene enlaces muy fuertes con el presente.
El director y guionista José Campanella desarrolla magistralmente el tema de la venganza. El deseo de venganza ata al pasado y impide superar los traumas vividos. La película empieza con la violación y asesinado de una chica. El marido de la víctima, Ricardo Morales (Pablo Rago) estaba locamente enamorado de ella, de un amor tan fuerte da parecer enfermizo y su vida no tiene sentido sin ella. Lo único que le queda es el recuerdo y la venganza. Cuando, a causa del clima de corrupción de Argentina, el asesino viene puesto en libertad, le sigue la pista hasta conseguir atraparlo; a partir de este momento las dos vidas están atada de forma indisoluble y trágica. Lo encierra en un garaje y se aísla del mundo para que nadie descubra el macabro secreto. La sensación de desesperación que transmite el asesino después de haber pasado toda su vida encerrado en aislamiento llega al espectador como un latigazo.
Divertido el juego con la letra A con las maquinas de escribir del juzgado. Hay una maquina donde esta letra no funciona y eso crea episodios humorísticos. Usando este expediente, en la escena final Darín trasforma la palabra temo que tenía escrita en un papel con la palabra teAmo a demostración que por fin ha tenido el valor de sacar sus sentimientos. A un guión excelente se suma la interpretación magistral de los actores, donde destacan los diálogos vivaces y mordaces entre Darín y Guillermo Francella, y el papel trágico de Pablo Rago.

2 nov 2010

Kiki de Montparnasse

Era el año 1929 cuando Kiki fue elegida reina de Montparnasse. En el periodo entre las dos guerras este barrio de París se transformó en el centro artístico y cultural de París y del mundo. En unos pocos kilómetros cuadrados vivían artistas, poetas, intelectuales. Pasaban el día en los cafés, malcomían, malbebían y conducían una vida irreverente y libertina. Una vida de miseria, un experimento social hecho posible por unas extrañas condiciones históricas difícil de repetir. Kiki cantaba letras atrevidas y contaba chascarrillos mordaces. En este ambiente se encontraba como en su casa y posaba a pecho descubierto para Man Ray y Calder, que venían de América; para Fujita, de Japón; para Modigliani, de Italia; para Pascin, de Bulgaria; para Kisling, de Polonia; para Soutine o Chagall, de Rusia. La suya no fue una vida fácil. Fue criada en Châtillon-sur-Seine, un pueblo de Borgoña por la abuela. A los trece años su madre se la llevó a París donde vivía y trabajaba como linotipista. Pero cuando con diecisiete años la descubrió posando desnuda, la repudió dejándola sola y sin dinero. Kiki decía que para vivir no necesitaba más que pan, cebollas y vino tinto. Tuvo muchos amores pero el más atormentado fue con el pintor y fotógrafo americano Man Ray, que se hizo famoso y rico gracias a las fotos sacadas a los personajes mas influyentes de la ciudad. Fue una temporada breve y intensa que se acabó bruscamente con el ingreso en París del ejercito alemán.
Catel Muller, dibujante e ilustradora infantil, y José-Louis Bouquet, guionista y escritor, consiguen una novela grafica muy realista que, pasando por la biografia de Kiki, nos da una pincelada bastante precisa de Montparnasse, dejando el lector con ganas de descubrir y conocer los personajes que hicieron posible esta bizarra mezcla artística.

1 nov 2010

Neve


Guardai alla finestra. Nevicava. Su una panchina all'angolo della piazza sedevano immobili due vecchini. Non parlavano. I loro occhi fissi su un punto lontano, persi nell'immensità dei ricordi che si confondevano nel bianco invernale.