El director y guionista José Campanella desarrolla magistralmente el tema de la venganza. El deseo de venganza ata al pasado y impide superar los traumas vividos. La película empieza con la violación y asesinado de una chica. El marido de la víctima, Ricardo Morales (Pablo Rago) estaba locamente enamorado de ella, de un amor tan fuerte da parecer enfermizo y su vida no tiene sentido sin ella. Lo único que le queda es el recuerdo y la venganza. Cuando, a causa del clima de corrupción de Argentina, el asesino viene puesto en libertad, le sigue la pista hasta conseguir atraparlo; a partir de este momento las dos vidas están atada de forma indisoluble y trágica. Lo encierra en un garaje y se aísla del mundo para que nadie descubra el macabro secreto. La sensación de desesperación que transmite el asesino después de haber pasado toda su vida encerrado en aislamiento llega al espectador como un latigazo.
Divertido el juego con la letra A con las maquinas de escribir del juzgado. Hay una maquina donde esta letra no funciona y eso crea episodios humorísticos. Usando este expediente, en la escena final Darín trasforma la palabra temo que tenía escrita en un papel con la palabra teAmo a demostración que por fin ha tenido el valor de sacar sus sentimientos. A un guión excelente se suma la interpretación magistral de los actores, donde destacan los diálogos vivaces y mordaces entre Darín y Guillermo Francella, y el papel trágico de Pablo Rago.
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